jueves, 20 de diciembre de 2007

Para que perdure hay que saber esperar...





PERDONEN USTEDES, pero se ha abusado tanto de la palabra "amor" como de una vaca que a fuerza de tanto ordeñes se ha quedado seca, Se ha explotado hasta el cansancio. En cambio, se evitan muchas otras palabras menos trilladas "benevolencia, amabilidad, sinceridad, consideración, perseverancia, fidelidad, abnegación".
En la frase "ama a tu prójimo", el amor suena a obligación. Tenerle simpatía a alguien es más que amarlo (porque podemos amarlo sin que nos caiga bien), pero hay que sentir tal simpatía por el prójimo que también podamos amarlo. ¿Cómo, si no, podríamos vivir el uno cerca del otro, junto al otro?
De todos los tipos de amor, el más difícil es el amor a quienes están más cerca de nosotros. El otro día, le pregunté a un amigo mío que lleva 15 años de casado cómo le iba en su vida familiar.
-Bien- me respondió-. Todos nos queremos. Sin embargo, hay veces que me dan ganas de estrangular a mi tía porque se pasa el día hablando por teléfono; a mi esposa, por desconfiada; a mi suegra, por entrometida, y hasta a mi abuela, aunque ya es muy mayor.
¿Cómo amar a nuestros seres queridos?

El AMOR EXIGE sabiduría. Por ejemplo, hay que saber cual es el momento oportuno para llamar la atención de alguien. No es prudente quejarse con el marido de que ha subido el precio del atún precisamente cuando él va llegando del trabajo después de haber tenido un altercado con su jefe.

De igual manera, no hay que retar en seguida a un chico que llega malhumorado de la escuela, reprobado en alguna materia, y da un portazo. Debemos aprender a esperar y, antes de recordarle que las puertas fueron hechas para abrir y cerrar y no para desahogar su furia, preguntarle por qué está molesto. Es preciso aprender a dominarse para no reaccionar a la violencia con violencia.

En el amor, la ternura también debe ser mesurada. No hay que abusar de los mimos ni los diminutivos afectuosos y tratar al esposo como si fuera un niño: "Amorcito lindo, ¿quieres que mami te sirva algo de comer..., mi osito de peluche?".

Como alguien dijo una vez, tantos arrumacos y mimos pueden pueden resultar pesados.

¿ Nos damos cuenta de que debemos dar gracias por los seres queridos que tenemos? Ellos nos ayudan a madurar, nos enseñan a ser tolerantes, a conocernos y a conocer a los demás. Muchas veces sentimos tanta simpatía por nosotros mismos, que deseamos con ansia la compañía de personas igualmente simpáticas. Sin embargo, nuestros seres queridos a menudo son distintos de nosotros, y tenemos que amarlos a pesar de eso.

No hay mejor remedio para la vanidad que la gratitud. Dar las gracias nos hace fijarnos en nuestros seres queridos porque, al hacerlo, nos olvidamos por un momento de nosotros mismos y sólo ponemos atención a la persona que se ha fijado en nosotros.

En la vida familiar conviene decir "gracias" más a menudo que "¿me das permiso...?" Podemos acercarnos más a los nuestros o separarnos. Intentemos acercarnos con más frecuencia agradeciéndoles hasta las cosas más sencillas, como el no haber interrumpido nuestro sueño gritando, clavando un cuadro en la pared ni haciendo sumas y restas en voz alta.

Para perdurar, el amor debe ser paciente.


Por el padre JAB TWARDOWSKI (condensado de URODA- mayo 2000)

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