domingo, 20 de enero de 2008

La Salud de la amistad... Buena nota...

Un avance científico atractivo, pero no sorprendente, ha sido
El hallazgo de las neuronas espejo que reciben las emociones de la persona con la que estamos, en determinado momento, reeditando en nuestro propio cerebro el mismo estado que detectan; se producen, incluso, cambios fisiológicos afines. Como consecuencia, somos amigos o enemigos biológicos unos de otros. La ciencia o puede afirmar, con cierto grado de exactitud, que las enfermedades son más breves o presentan mejores condiciones de superación en la gente que está en pareja o tiene amigos y allegados que, en los momentos críticos, los toman de la mano y le acercan su cariño. Cada uno de nosotros tiene ejemplos rotundos de la relevancia del afecto en una situación límite, como una enfermedad grave. Es escritor y psiquiatra Daniel Coleman, autor de La inteligencia emocional, se refiere a un amigo que sobrevivió diez años a un cáncer terminal rodeado de sus exalumnos, a los que en su momento, no sólo instruyó sino asesoró, y los guió para encontrar sus destinos: ahora, visitan su casa con asiduidad, para su alegría y la de su esposa, a pesar de la quimioterapia y demás tratamientos invasivos, y lo ayudó así a prolongar su vida.
Hedor Dostoievsky solía decir para amar al hombre no hay que conocerlo, rígida y sardónica afirmación que alude a la miseria humana. Pero convengamos que la única manera de tener amigos es ofreciendo nuestro amor y comprensión casi sin exclusión, y despertando las virtudes ajenas por directo contagio de las nuestras, lo que simboliza una responsabilidad. Y no se necesitan aureolas de santidad para aceptar los defectos ajenos tanto como sus probidades. Cristo habló de perdonar siete veces siete y cuantas veces te ofendieron (el número siete citado como infinito), y aquellos que alcanzan esta dignidad gozan de una libertad espiritual exenta de rencor, esa herida provocada por la afrenta. Y hablamos de amor, no del arrebato frenético de los sexos que suele ser furtivo, vehemente, contradictorio y falaz.
Charlotte Brontë reflexionaba: “No me gusta la pasión que, como el rosal, florece en el verano; prefiero la amistad que, como el arce, permanece incólume hasta el invierno”. Por alguna razón, los lazos más profundos suelen darse en las relaciones duraderas, y la experiencia también nos ha enseñado que los triunfadores tienen muchos amigos, y los derrotados sólo buenos amigos, que es lo que interesa. La síntesis de Georges Duhamed sobre el contacto anímico entre los seres es puntual: “Si quieres hallar en cualquier lado amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo”.-


Por Noemí Carrizo- Revista Nueva... Rosario

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