viernes, 18 de enero de 2008

(REFLEXION)- SEGUNDA PARTE

Crisis matrimoniales.

La cuestión del penúltimo tren, (penúltimo porque para algunos tal vez haya otra oportunidad, aunque no la aguarden) en rigor, no es nueva. El Fausto de Goethe - el hombre maduro que vende su alma al Diablo a cambio del amor de la adolescente Margarita-, se sigue leyendo, representando y filmando con diferentes disfraces, porque la cuestión es tan antigua como el ser humano y a veces suele manifestarse como inevitable, por lo menos para muchas personas. Sorprendente, Rojas dice que "El matrimonio no está en crisis. Lo que está en crisis es la persona. Las parejas se rompen, porque muchos no entienden que el amor requiere de un alto grado de sacrificio", y que ignorar esa verdad sencilla lleva a ejercer "relaciones sin amor, algo anónimo, sin compromiso afectivo ni formal ni de ningún tipo, una relación en la cual cada uno usa el cuerpo del otro como algo que da placer, pero es un cuerpo desechable. Ese tipo de relaciones y el dinero se convierten, para algunas personas, en objetivos principales".

La alternativa preferible, sugiere, es " una relación de persona a persona, no sólo física sino también psicológica, espiritual, una relación íntegra, que será como una sinfonía perfecta", porque "las relaciones con el amor son hermosas, es un encuentro profundo con la persona amada".



Consejos para no perder el tren.

Según el doctor Rojas, a quienes sus colegas, y también sus pacientes, definen como "médico de almas", que alguien se enamore de otro/a mucho más joven "se da en el 90% de los varones mayores de 40 años", porque, no duda, "el amor es el principal argumento de la vida". Ocurre y empiezan las explicaciones o las excusas para quien hasta ese momento, ha sido su compañera, y tal vez la madre o el padre de su hijos. "Todo arranca con la vivencia del enamoramiento, hay una primera etapa, muy interesante psicológicamente, que consiste en dos experiencias notables: tener hipotecada la cabeza y querer a alguien con exclusividad".

Rojas hace una observación: "El hombre se enamora sobre todo por la vista, y la mujer por el oído". Lo explica: " En el hombre, la belleza de la mujer actúa como un reclamo. En la mujer, la calidad humana y la belleza interior suelen tener un tirón más fuerte". Hace siglos, Ruiz de Alarcón versificó un concepto similar: "En el hombre no has de ver/hermosura o gentileza./ Su hermosura es la nobleza,/ su gentileza el saber". Pero Ruiz ea tan feo que mirarlo causaba dolor. Rojas no es un galán pero puede concedérselae cierta apostura. Puntualiza sobre lo que se denomina errores básicos acerca del amor:

"Equivocarse en las expectativas, divinizar al amor, hacer de la otra persona un absoluto, pensar que para que una relación funcione es suficiente con estar enamorada e ignorar que antes o después vendrán crisis a las que habrá que hacer frente", y añade que conviene estar informado de que "no hay amor eterno", y que para que sea perdurable, "se trabaja día a día, superando crisis, es una tarea de orfebrería psicológica. El amor maduro es alquimia y magia y códigos secretos y complicidad".

Les da duro a quienes abordan el penúltimo tren: "La nueva conquista afectiva debe tener muchos años menos y es presentada a los demás como un trofeo y un gol convertido en tiempo de descuento", porque "las consideraciones éticas han desaparecido y la pareja es pasto de las llamas".

¿Hay alternativas? Rojas cree que las hay: "A mí me parece que la mejor fórmula es buscar un amor inteligente, que decida integrar sentimiento y razones. Hay muchos tipos de amor, pero todos están hilvanados por el mismo hilo que los enlaza".

Para que esos hilvanes se transformen en costuras consolidadas, conviene reconocer diferentes etapas, informa: " Enamoramiento, amor ya establecido, y convivencia". Y se pasa de "sentirse absorbido, estar encantado, a dudar, a tener celos, a decepcionarse, y a volver a entusiasmarse. El hombre es un animal en permanente descontento". Aún así , concluye, "el amor es lo más importante en la vida. Todos necesitamos a alguien para compartir la existencia. Alguien a quien conozcamos: no se puede amar lo que no se conoce. A medida que uno se adentra en el interior de la otra persona y la va descubriendo, se produce la atracción. La intimidad es un campo de atracción magnética, que empuja al enamoramiento".

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