
En una sociedad acelerada e individualista, cada vez con menos posibilidades de mirarse hacia adentro, el resentimiento y la falta de perdón (celdas en que queda encarcelada el alma) están haciendo estragos.
La vida del hombre se basa en permanentes vivencias y circunstancias que rodean su andar cotidiano, las cuales debe enfrentar y sobrellevar. Dentro de ese racimo de cosas que suceden y nos pasan, hay algunas que nos alegran, otros que pasan desapercibidas, y otros que nos lastiman y llegan lo más profundo de nuestro ser.
Una característica que casi no falla, es que estas cuestiones que nos crean algún grado de sufrimiento vienen, en su mayoría, de nuestros seres queridos o gente muy cercana. Es natural que con quienes más conflictos tengamos sea con nuestra familia, amigos, compañeros e trabajo o de estudio. Quizás por eso es que nos duele, porque viene de esas personas a quienes amamos.
Todas estas cosas que van marcando nuestra vida y nos hacen mal por dentro, pasan a ocupar una "celda" imaginaria en nuestro corazón, que va acumulando dentro de ella todas estas lastimaduras que no podemos (o no queremos ) sanar.
De esta manera, el resentimiento pasa a ser el guardián de esa cárcel interior y parece ser la voz que dice: "el daño que me hicieron es mío y no se lo voy a dar a nadie". Y eso puede hasta traer trastornos a nuestra salud, como indican estudios realizados por el Dr. Redford William e la Duke University y autor del libro El enojo mata", (Anger Kills), que dice que una gran cantidad de investigaciones muestran que la hormona cortisol que alimenta el enojo puede literalmente desgarrar las arterias. Produce pequeños rasguños y cortes en las paredes de las arterias que alimentan el corazón y si el enojo continúa día a día, el cuerpo no puede repararlas. Una vez que las arterias están dañadas, un arranque de enojo puede disparar un ataque cardíaco.
Pero...¿que es el resentimiento? En la publicación El Faro de la Fundación Desarrollo Familiar dice que es un "asesino silencioso". Es una palabra compuesta de dos palabras: re-sentir, volver a sentir. En el griego "el resentimiento o amargura" proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón. Dicho esto no es muy difícil darse cuenta de todo lo que provocan aquellas situaciones que nos afectan.
En este punto hay algo que se agrega al problema de resentimiento, es su "primo" el orgullo. Es en este momento en que decimos: "si mis padres me hicieron esto, que sean ellos los que vengan a pedirme perdón. Soy yo el que está ofendido o herido. No me corresponde a mí ir a buscar la reparación del daño causado, si yo no lo causé". El orgullo nos aconseja mal y hace que sigamos guardando en lo más hondo de nuestro ser esas heridas. Así ponemos nuestro orgullo por sobre la solución.
Si trasladamos esto a la pareja, vemos que constantemente viven enfrentados por situaciones echando en cara errores, recordando siempre lo que se hizo mal. Familias destrozadas por peleas eternas para tener "razón", por lastimaduras que no cierran. En estos casos la frase más útil sería: identifica y ataca el problema, no a tu pareja. Es difícil (para no decir imposible) que atacando al otro se pudiera llegar a una solución.
Así vivimos por años, encarcelados en nuestros resentimientos, amargados por lo que nos pasó, por lo que no tuvimos, por lo que deberían habernos hecho o dado, etc.
Eso sigue cavando un pozo cada vez más hondo, que nos empuja a vivir una vida pesada, con cargas cada vez más difíciles de soportar, sin libertad... porque estamos tan llenos de esa porquería que ahora todo nos afecta, nos hace tratar mal a los demás (como cuando los animales heridos atacan al tratar de ayudarlos), nos hace creer que todos nos quieren lastimar (en una posición de "pobrecito de mí), nos empuja a una oscuridad interior que tratamos de disimular con vicios, con caretas o sólo con indiferencia.
Ante todos estos "nubarrones planteados, es bueno saber que hay un camino de salida, una llave que abre aquella celda donde todos nuestros resentimientos están amontonados y nuestro orgullo no deja salir.
Esa llave se llama PERDÓN. A través del perdón es que podemos liberar todas esas pesadas cargas interiores que nos hacen la vida cada vez más densa. El Perdón nos da luz, nos vuelve a colocar en una posición de limpieza interior que tan bien hace.
Pero ojo... muchas veces... para no decir siempre el perdón no se siente. No es un sentimiento, es una decisión. Yo debo tomar la decisión de perdonar, para que el resentimiento pueda salir e irse a donde quiera, pero que no siga morando en nuestro corazón. Cuando podamos entender que el perdón es una de las actitudes más importantes del hombre, que no somos menos por "pisar" nuestro orgullo para recomponer una relación o para sanar una herida, cuando permitamos que corran las lágrimas en nuestras mejillas para arrancar ese dolor que llevamos dentro, recién en ese momento podremos ser realmente libres.
Hermosa nota :Por Guillermo Enrico. Revista Las Rosas Setiembre 2006.
Quieres conocer más notas de Guillermo Enrico ve a:



Gracias Enrico por darnos tu página.
ResponderEliminarJulia