Las editoras de Cosmo alrededor del mundo, dicen y recomiendan los 10 lugares ideales para alcanzar la felicidad to-tal. Nueva York, Goa(India), París, La Habana, Sydney, Toscana, Londres, Bora Bora, Buenos Aires y la Isla de Santorini (Grecia). ¿Cual es el tuyo?... Preguntan .
Siempre dije que Bora Bora...
Ahora saben ustedes qué es, dónde queda, y cómo es... ? Pues encontré otra información preciosa que quiero compartir con ustedes...
Su dueño, el doctor W.J.Williams, también se convirtió en una celebridad: era el único dentista de la Polinesia. En 1966, Tetiaroa pasó a ser propiedad de Brando.
Pero la sorpresa será mayúscula para un argentino si en Papeete, la capital tahitiana, decide meterse en el bar que regentea Bernard Aumaitre. Si pide una bebida en astellanoi, Aumaitre le entenderá. Y también le contará que su padre, Robert, fue mecánico de Juan Manuel Fangio cuando el Quíntuple corría para la escudería Gordini.
Por lo demás, la Polinesia, así bautizáda por el geógrafo danés Konrad Malte-Brun, en 1853, es un mundo aparte, atado al resto del planeta por historia de navegaciones, conquistas europeas, amores fulminantes de marinos que dejaron allí parte de sus vidas, o el encanto que ganó el corazón de Paul Gauguin, el pintor francés que pudo cumplir en esas islas su sueño de "vivir en el éxtasis, en la calma y el arte".
Náufragos por vocación
Con una superficie oceánica de 290.000 kilómetros cuadrados a su disposición, los polinesios son famosos por su destreza a bordo de balsas, canoas, piraguas y todo aquello que pueda parecerse a una ambarcación.
Tanto es así que los especialistas aún se preguntan de dónde vino este pueblo desperdigado entre Asia, Oceanía y América del Sur. El noruego Thor Heyerdahl sostenái que sus habitantes eran originarios de Sudamérica, y quiso demostrar sus teorías con métodos arriesgados. En 1947, zarpó desde Chile con cinco personas, a bordo de la Kon-Tiki, no más que una especie de balsa. ël quedó convenido, pero no ocurrió lo mismo con otros estudiosos, quienes aseguran que las migrciones más antiguas llegaron desde el Oeste. Para sustentar esta teoría, recuerdan las similitudes de las lenguas nativas de la Polinesia con el idioma indonesio, la existencia de animales domésticos comunes en el sudeste asiático y el parecido de las piraguas y canoas locales con las embarcaciones de Malasia.
Cualquiera sea el origen de los polinesios, forman un único pueblo que vive bajo varias banderas: Francia, Grn Bretaña, Estados Unidosm Nueva Zelanda y Chile se reparten las islas. Los límites formales de la región son las islas Ellice al Oeste, la de Pascua al Este, el archipiélago de Hawai al Norte y Nueva Zelanda al Sur. Una vieja leyenda local dice que en la Polinesia hay tantas islas como estrellas en el cielo. Las historias de navegación sin instrumentos ni rumbo fijo de los nativos se remontan a mil quinientos años atrás.
Reyes, dioses y diosas
Sólo establecían un rumbo para algunas ceremonias multitudinarias. Desde Bora Bora, Moorea, Tahiti, las Marquesas, Cook, hawai y Nueva Zelanda, partían hacia la isla sagrada del sur, Raiatea, donde los polinesios elegían a si rey. Allí vivía, según las leyendas, el dios Hiro. En ese lugar estaba el maré, altar de piedra volcánica sobre el que se hacían los sacrificios en honor de las deidades.
Los reyes de cada isla llegaban hasta la llamada "piedra de los jefes" o te papatea te ruea (la roca blanca de la investidura), donde se medían tomando como parámetro a la piedra de dos metros ochenta. El más alto sería el rey de todas las islas. Todavía hoy los polinesios bailan y cantan para recordar aquellos buenos viejos tiempos, aunque ya no estén los tikis para presenciar las ceremonias. Los tikis eran los antiguos ídolos de piedra o madera, en su mayoría destruídos o tirados al mar por los misioneros anglicanos y mormones. Algunos se conservan: los más grandes son los de la Islade Pascua, territorio chileno.
Las mujeres de la zona usan un pareo alrededor de la cintura, mueven las caderas con asombrosa agilidad y dulzura, haciendo oscilar sus collares de flores y su cabello negro. Descienden de aquéllas que fueron la perdiciòn para millares de marinos desde tiempos inmemoriales. No son pocos los historiadores que aseguran que el famoso motín del Bounty se produjo cuando el capitán Bligh ordenó abandonar tierra firme, luego de cinco meses de felicidad antes desconocida. Dicen que algo parecido le pasó al capitán James Cook, aunque ést tuvo mejor suerte: luego de ofrecer recompensa a sus hombres y de tomar como rehenes a los más reacios, pudo continuar con su misión de observar, el 3 de junio de 1769, el paso del planeta Venus frente al sol.
El mundo de los placeres
La imagen occidental de la Polinesia pasa por el placer, tanto por la arminía física de las mujeres y los hombres, como por las comidas. Una de las prácticas rituales de los polinesios consistía en organizar enormes banquetes que duraban entre dos días y una semana. ALgo de esas costumbres se mantiene. Cada 26 de diciembre - aunque la fecha puede adelantarse o atrasarse un día- la población de las islas se encamina a las playas para armar un picnic gigantesco que suele durar hasta después del año nuevo. Entre diez y quince mil personas se agolpan en pocos centenares de metros de arena junto al mar, donde comen, cantan, bailan y duermen a la intemperie bajo un cielo sin nuebles.
A la comida le otorgan gran importancia. Una de sus entradas preferidas son los palmitos, arrancados de la planta en el momento de comerlos. Pescados, cangrejos y mariscos asados son especialidades autóctonas. El cerdo es otra variante, que también se come asado y requiere una serie de cuidados especiales; luego de trozarse un animal de no más de seis meses de vida, se coloca cada pedazo dentro de una hoja de banano y se lo pone sobre un fuego muy lento. Otra forma de prepararlo es abrir al cerdo en canal, llenarlo con piedras casi al rojo vivo y cocinarlo desde adentro hacia afuera, en un pozo, durante varias horas.
La carne vacuna es escasa y la mayor parte - importada de Nueva Zelanda- la usan los restaurantes y hoteles para los turistas, que componen una importante fuente de recursos para la región. Si de aves se trata, el plato local es una pequeña especia de paloma, de la que solamente se comen los muslos. No porque el resto del pájaro tenga mal sabor; se trata de un raro refinamiento de los polinesios y no hay razones conocidas para explicar esa costumbre. Pan de harina de pescado y el pan de árbol (arrancado de una planta que tiene la consistencia del trigo), son otros componentes de la dieta polinesia.
A pesar de que las tradiciones mantienen un lugar importante en la vida cotidiana, la colonización europea y norteamericana dejaron su impronta en las islas. Una infraestructura confortable y una organización excelente en materia turística hicieron de la Polinesia un paraíso para quienes buscan vacaciones verdaderamente de lujo. Hawai, el número cincuenta de los Estados Unidos, y Tahiti, en la Polinesia francesa, son los puntos más visitados por los extranjeros. Desde el museo Gauguin - enPapeari, a escasa distancia de Papeete- hasta la tumba del pintor en la isla de Hiva Oa, donde pasó sus últimos días, son lugares para hacer descansar al más estresado de los mortales. Los cruceros cortos permiten deambular entre las islas como los antiguos polinesios (aunque en barcos más seguros) y contemplar a los jóvenes que se lanzan al mar en busca de perlas que casi nunca encuentran. Dicen los entendidos que suelen llevarlas, ya antes de sumergirse, escondidas en la boca. Cuando salen a flote, las venden a buen precio a los turistas. En cualquier caso, la trampa no desagrada a los visitantes, que a veces conocen el juego, pero lo acpetan como parte del show.
Información de Revista NUEVA- Por Leonardo Freidenberg. 1993.



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